La historia del Cautivo y la Virgen de la Llana tiene sus orígenes en tiempos medievales, en el marco de la Reconquista.

Manuel Martínez, de Peroniel del Campo, fue apadrinado por el marqués de Almenar, tras quedar huérfano de su padre. Sin embargo, y con el paso de los años, el joven y la hija de su valedor se enamoraron, hecho que disgustó mucho al marqués, quien apartó a Manuel de su hija prohibiendo su entrada al castillo. Esto hizo que se incorporase al ejército de la Corona para combatir a los moros que poblaban buena parte del territorio español. Combatió junto al rey Alfonso X, el Sabio, y su hijo Sancho, siendo capturado por los musulmanes en el cerco de Algeciras.

Trasladado prisionero a Argel y vendido como esclavo, permaneció durante ocho años sometido a toda clase de humillaciones y vejaciones. Cada noche era esposado y encerrado en un arca de pequeñas dimensiones por un amo sin escrúpulos, quien se sentaba sobre el arca para asegurarse la prisión de su esclavo. Según cuenta la leyenda, todas las noches de su cautiverio Manuel rezaba y se encomendaba a la Virgen de La Llana, sin perder su fe.

       Tal fue así que un martes de Pentecostés, el prisionero fue liberado por la Virgen de La Llana. Según la tradición, a primera hora de la mañana, el cautivo llegó volando en el arca junto con quien lo custodiaba, y se posó junto al Santuario con inmensa alegría de todas las gentes del lugar. En el interior del templo, al tiempo en el que se sucedía tan feliz llegada, se encontraba en oración Blanca, la hija del marqués.

Ante tal fenómeno, el moro se convirtió al Cristianismo, y Manuel intercedió por él ante el señor de Almenar para que salvase su vida. Algo que consiguió.

Finalmente, Manuel se casó con Blanca con la bendición del marqués.   

En el pequeño museo de la ermita se encuentran expuestos para los visitantes el arca y los grilletes del Cautivo.

Los almenarenses aseguran que la Virgen de la Llana es muy generosa, prodigándose en bondades y milagros en la zona. De hecho, su fama es conocida hasta en las tierras aragonesas, donde se canta una jota que dice así:



Maño, si vas a Castilla

y pasas por Almenar,

a la Virgen de la Llana

no le dejes de rezar”


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